
Jueves, 21 de diciembre de 2006
BERLÍN - PARÍS - NUEVA YORK

BERLÍN

Kurt Weill

Póster alemán de Die Dreigroschenoper, 1928
A los pocos años de su estreno en Berlín, en 1928, Die Dreigroschenoper (La ópera de tres céntimos) contaba más de diez mil representaciones en Europa, y había sido traducida a dieciocho idiomas. Sólo el estreno en Broadway, en 1933, dirigido por W. Pabst, no recibió una acogida entusiasta; era un espectáculo radicalmente distinto del musical americano.
Pabst dirigió también la adaptación cinematográfica. En aquellos primeros años del cine sonoro no existía el doblaje. Como ocurría en Hollywood, donde acostumbraba a rodarse una versión para el mercado de lengua española y otra para el inglés, Pabst realizó a un tiempo las versiones alemana y francesa, con dos grandes repartos: Albert Préjean, Florelle y Margo Lion en una; Rudolf Foster y Lotte Lenya en la otra. Parece que las películas acentúan el romanticismo y la comedia, sin perder del todo la sátira del original.

Cartel de la versión francesa

Una imagen de la versión alemana
Die Dreigroschenoper se inicia con Die Moritat von Mackie Messer (Lamento de Mackie Navaja), que no hubiera figurado en la obra de no ser por un capricho de su intérprete original, Harold Paulsen. Paulsen deseaba aparecer en escena llevando una pajarita azul y un traje llamativo. Brecht tuvo que ceder ante el actor, pero no estaba dispuesto a convertir en un simpático granuja a su ominoso personaje, de modo que escribió en un instante el Lamento, y Weill le añadió música días antes del estreno:
El tiburón tiene dientes,
En sus fauces los muestra.
Mackie tiene un cuchillo
Pero el cuchillo, nadie lo ve.
A los pocos años Louis Armstrong y Ella Fitzgerald convirtieron la balada de Mackie en Mack the Knife. Desde entonces ha sido recreada, adaptada y destrozada en incontables ocasiones, es una de las melodías más célebres de Weill y de nuestro tiempo. Esta influencia se dio en ambos sentidos. Varios compositores de esa época, además de Weill, incorporaron el jazz a la música clásica: Milhaud, Gershwin, Antheil, Schulhoff, Stravinsky, Martinu, Poulenc. Son obras que se disfrutan mucho, en contra de la opinión establecida sobre la música del siglo XX.
Der Silbersee. Ein Wintermärchen (El lago de plata. Un cuento de invierno), con texto de Georg Kaiser, fue la última obra de Weill para el teatro alemán. A pesar de su juventud, hacía tiempo que era considerado el mejor compositor de escena, y el estreno tuvo lugar simultáneamente en tres ciudades. Corría febrero de 1833, Hitler acababa de ser nombrado Canciller de Alemania. Al éxito inicial sucedió el escándalo, cuando algunos partidarios nazis irrumpieron durante las representaciones. Finalmente el Reich la calificó de arte degenerado y decretó su suspensión. Una curiosidad: el director de escena era Detlef Sirek (otro emigrado, conocido en adelante como Douglas Sirk).
PARÍS

Teresa Stratas
Tras la quema del Reichstag, y con su nombre en las listas de la Gestapo, Weill salió de Berlín, abandonó su coche antes de llegar a Francia y cruzó la frontera a pie.
Vivió en París y visitó diversas ciudades europeas, entre ellas Londres, donde estrenó, adaptada a la comedia musical británica bajo el título A Kingdom for a Cow (Un reino por una vaca), su opereta Der Kuhhandel, con texto de Rober Vambery.
El primer encargo que recibe en París procede de la compañía Les Ballets. Weill idea un espectáculo que incorpora a la danza la interpretación y las canciones. Fue la oportunidad de volver a la América inventada de Mahagonny y de reunirse con sus antiguos colaboradores: Bertolt Brecht escribió el texto, Caspar Neher diseñó los decorados y Lotte Lenya encarnó a la Anna juiciosa, que se expresa en palabras, mientras su otro yo fue Tillie Losch bajo coreografía de Balanchine. Aunque Weill consideraba Die Sieben Todsünden (Los Siete Pecados Capitales) su obra maestra, la recepción fue tibia y dispar. Es más austera, más seria que las anteriores, donde la acidez de los textos de Brecht contrastaba con la músicas felices de Kurt Weill.

Lotte Lenya
Lo último que escribió en París fue la música para la obra de Jacques Delval Marie Galante. La música en el teatro parece que era entonces algo más frecuente o que se cuidaba más, como luego ocurriría en el cine. Muchas obras estupendas de Ibert, Milhaud o Poulenc son en origen músicas incidentales. Los temas de Marie Galante recuerdan un poco las canciones de Prévert y Kosma. J'attends un navire se convirtió en canción de la Resistencia francesa. Y Weill volvió a utilizarlo como la melodía de Johnny en una de las obras americanas que más me gustan, Johnny Johnson, con texto de Paul Green.
Marie Galante es una prostituta de Burdeos, raptada y abandonada a su suerte en Panamá. Creo haber visto un disco que añadía, a las canciones del recital de Ute Lemper, algunos intermedios instrumentales. Aunque se trata de un encargo, me gusta mucho esta obra. Como ya he dicho antes, hay alguna influencia francesa y los números son muy diversos: el tango de Youkali; Les filles de Bordeaux, que adapta una canción de Happy End; el coro en Le train du ciel, que recuerda al Requiem; la humorada fantástica de Le grand Lustucru; y mi favorita, Le roi dAquitaine, una de esas canciones deliciosas que sabía escribir como nadie. Por último, la ya citada J'attends un navire.
A lo largo de toda su carrera, Weill escribió unas cuarenta y cinco canciones para voz y piano. Lotte Lenya, tras asistir a la reposición de Die Dreigroschenoper con Teresa Stratas, y decir de ella que era "my dreamy Jeannie", le ofreció algunos de estos lieder que guardaba inéditos tras la muerte de Kurt Weill. En concierto y luego en disco (1981, acompañada por Richard Woitach al piano) se dieron a conocer estas canciones. La versión de Youkali me gusta mucho más que la que luego hizo Ute Lemper y alguna otra que he oído. También del período francés son dos grandes canciones con texto de Maurice Magre, Complainte de la Seine y la muy hermosa Je ne t'aime pas. Cantadas en alemán, están Der Abschiedsbrief, con texto de Erich Kästner, y Es Regnet, texto de Jean Cocteau. Otra muy divertida, escrita ya en América durante la guerra, con texto de Oscar Hammerstein II, es Buddy on the Nightshift, acerca de un pareja con los turnos cambiados: cuando una sale de trabajar el otro entra.
De estas canciones, la más recordada es Youkali, originalmente el Tango Habanera de la obra musical Marie Galante, al que puso letra Roger Fernay:
C’est presqu’au bout du monde,
Ma barque vagabonde,
Errant au gré de l’onde,
M’y conduisit un jour.
L’île est toute petite,
Mais la fée qui l’habite
Gentiment nous invite
À en faire le tour.
Youkali,
C’est le pays de nos désirs,
Youkali,
C’est le bonheur, c’est le plaisir.
Youkali,
C’est la terre où l’on quitte tous les soucis,
C’est dans notre nuit
Comme une éclaircie,
L’étoile qu’on suit,
C’est Youkali.
Youkali,
C’est le respect de tous les voeux échangés.
Youkali,
C’est le pays des beaux amours partagés,
C’est l’espérance
Qui est au coeur de tous les humains,
La délivrance
Que nous attendons tous pour demain.
Youkali,
C’est le pays de nos désirs.
Youkali,
C’est le bonheur, c’est le plaisir,
Mais c’est un rêve, une folie,
Il n’y a pas de Youkali!
Et la vie nous entraîne,
Lassante, quotidiene.
Mais la pauvre âme humaine,
Cherchant partout l’oubli,
A, pour quitter la terre,
Su trouver le mystère
Où nos rêves se terrent
En quelque Youkali.
Youkali,
C’est le pays de nos désirs.
Youkali,
C’est le bonheur, c’est le plaisir,
Youkali,
C’est la terre où l’on quitte tous les soucis,
C’est dans notre nuit
Comme une éclaircie,
L’étoile qu’on suit,
C’est Youkali.
NUEVA YORK

Kurt Weill
En 1935, Max Reinhardt proyectaba un montaje sobre una obra de asunto bíblico escrita por Franz Werfel, y Weill había compuesto para ella un oratorio. Se trasladó a América, pero el estreno de The Eternal Road (El camino eterno) fue retrasándose hasta 1937. Para entonces, Weill ya tenía otra obra en los escenarios neoyorquinos.
Había trabado amistad con el Group Theater. Su directora, Cheryl Crawford, le unió con el dramaturgo Paul Green en una historia lejanamente inspirada en Las aventuras del soldado Svejk, del escritor checo Jaroslav Hassek. Así nació Johnny Johnson, la primera obra americana de Weill.
Paul Green era además un experto folklorista que introdujo a Weill en la música popular norteamericana. Weill no tardó en asimilarla a su estilo, como ya había hecho con la europea y el jazz. Estamos ante una obra abierta, con escenarios y personajes distintos, a los que se adaptan las músicas inconfundibles y paródicas de Weill. Suenan aquí acentos sureños de country y de blues; tangos, charlestones y otras danzas de moda; incluso aires de música antigua. El texto, a mi juicio, no se queda atrás. La peripecia de Johnny Johnson se sigue con interés, las canciones son ingeniosas o conmovedoras. Es una obra llena de encanto, a la vez cruda e ingenua, satírica y optimista, y tiene un desarrollo lúcido sin resultar amarga.
En el catálogo de la Fundación Kurt Weill aparecen, ese mismo año de 1937, dos canciones (sin texto) sobre la novela de Richard Hughes A High Wind in Jamaica (Huracán en Jamaica). Otra sorpresa para mí, ésta es una de las novelas que más me gustan.
Weill compuso también en estos primeros años en América dos bandas sonoras, entre ellas la música para la película de Fritz Lang You and Me (1938). Pero las exigencias de Hollywood diferían de su idea de música para el cine. Será otro emigrado germano, Korngold, quien inventará la banda sonora del cine clásico americano, mientras Weill, unido de nuevo con Lotte Lenya, se estableció como compositor en Broadway.

Los soldados duermen junto a los cañones antes de la batalla. Del montaje original de Johnny Johnson, 1936.
Algunos temas de Johnny Johnson
1917. Una pequeña ciudad en mitad de Norteamérica. Johnny Johnson se gana la vida grabando tumbas. Llegan vientos de guerra. En contra de sus convicciones, tras un ultimátum de su prometida Minny Belle, decide alistarse. Se oye aquí por vez primera el leitmotiv de la obra, la Melodía de Johnny, recuerdo del J'attends un navire de Marie Galante. Weill buscaba un tema que la gente saliera silbando tras ver la función. Y es difícil que esto no ocurra. La prensa de entonces escribía: "Es la canción que seduce a todos, que todo el mundo tararea, canta y silba por las calles, en el metro, en bañeras y terrazas de extremo a extremo de esta acogedora isla."
A la canción de Johnny responde Minny Belle, despidiéndose, con Oh Heart of Love, una precioso tema a ritmo de vals, y Farewell Goodbye, variación del anterior con swing.
En las escenas de reclutamiento y cuartel aparecen varios oficiales, que ya encuentran extraña la conducta de Johnny. Destaca el divertido tango del capitán Valentine, sobre el fin de un audaz soldado, amante de la esposa de un coronel en ausencia de éste.
La salida del puerto de Nueva York hacia el frente francés da lugar a uno de los instantes álgidos de la obra. La repetición de los temas de Farewell Goodbye y la Melodía de Johnny introduce el Canto de la Diosa. Johnny cree oír a la Estatua de la Libertad reprochando la locura humana. El canto empieza como una melodía medieval: la Libertad es un diosa antigua creada por los hombres, como la estatua, y como ella aún sin vida. Luego, reaparece el tema de Youkali, que narraba otra ficción humana, la de una isla dichosa.
Ya en el frente, los soldados duermen a la sombra de los cañones antes de la batalla. Un coro de hombres entona la Canción de los cañones, una nana alemana que recuerda en su final la Serenata de Schubert. Aquí hay una fusión de imagen, música y texto irónica y conmovedora. Los cañones lamentan su triste destino (mejor hubieran sido arados, o ruedas de moler), y están a la vez personificados por las voces de los hombres que dentro de poco serán sus víctimas.
Johnny Johnson, comprendiendo la inutilidad de las armas, ingenuamente redacta misivas a los generales de ambos ejércitos para que den fin a la guerra conversando. Captura a un alemán, pero se hace amigo suyo, le entrega una de estas cartas y lo deja libre. El capitán Valentine descubre la escena, dispara queriendo impedir la huida del alemán y hiere a Johnny. Llevado a un hospital, cuida de él una amorosa enfermera francesa, que introduce una chanson en la obra: Mon ami, my friend.
Tras esto, Johnny escapa del hospital, irrumpe en una reunión del Alto Mando aliado y rocía a los generales con una bombona de gas de la risa (charlestón: The Laughing Generals). Apresado, es conducido de nuevo al frente y más tarde, por su conducta excéntrica, a un manicomio. Suena entonces la Canción del psiquiatra, que narra cómo los de su gremio han suplantado al antiguo brujo de la tribu y al religioso medieval; los enfermos, una vez curados, se convierten a su vez en psiquiatras o nuevos locos. Esta canción tiene tres partes: en la primera se oyen tambores primitivos como en la Jungle Music de Duke Ellington, la segunda recuerda el canto medieval, la tercera el jazz americano.
Johnny recibe la noticia de que Minny Belle no lo ha esperado y lleva tiempo casada con otro. Decide quedarse allí, pero es forzado a abandonar el psiquiátrico y en adelante se dedica a fabricar y vender juguetes. La escena final lo presenta junto a un estadio, donde va a celebrarse una reunión belicista. Soplan de nuevo vientos de guerra. De repente, se le acerca un niño y a su lado descubre a Minny Belle. El niño desea comprar un soldado de plomo. Cuando Johnny le dice que él se niega a vender esos juguetes, el niño se marcha con su madre, quien no ha reconocido en el derrotado vendedor a su antiguo novio. Entonces Johnny canta por última vez su agradable melodía, mientras se retira de escena, con el idealismo de una ingenua fe en la bondad humana:
When man was first created
I'm sure his maker meant
Him for some good intent,
Kind heart of love, forgiving wrong,
And though through ages fated
To climb our wondering way,
At last well find the day
When joy shall be our song.
I hear them say its all balony,
The world's a mighty cruel place,
With tooth and claw and promise phoney,
An old hard guy he wins the race.
But you and I dont think so,
We know there's something still
Of good beyond such ill
Within our heart and mind.
And we'll never lose our faith and hope
And trust in all mankind.
We'll work and strive
While were alive,
That better way to find.
And up and down I wander
My weary way and long,
I met all kind of folks
Who listen to my song.
(recite and fade)
Toys, toys,
For nice little girls and boys,
Toys, toys...
Por: Alan | Música | Comentarios (6) | Referencias (0)
what a fabulous Kurt-Weill-post!!! I simply LOVE Lotte Lenya and her interpretation of Weill's music...
cheers!
Lucky | 06-01-2007 18:24:59
Alan | 06-01-2007 22:00:39
I tried to load "The Unknown Kurt Weill" about 40 times v_v Quicksharing is bad server.
Can you or somebody to load it on rapid? Please!
kazarin | 11-02-2007 10:12:03
Sorry about Quicksharing. I deleted the archive, maybe I'll upload it again later, or some more Kurt Weill.
Alan | 12-02-2007 17:08:22
Me encanta kurt weill aunque tiene canciones dificiles de masticar. Por cierto, no había visto ninguna foto de Lotte Lenya. es guapisima, tiene algo, o mucho. me la apunto para mi blog. Un saludo
birkin moi | 05-05-2007 18:18:50
Hola, también me gusta mucho esa foto de Lotte Lenya. Aguardo a ver qué entrada haces, está muy bien escogido todo lo pones.
Saludos
Alan | 06-05-2007 16:15:50