
Miércoles, 30 de noviembre de 2005
HOLGAZANERÍA Y PERSEVERANCIA. EL PROTAGONISTA

Peder Severin Kroyer, Stevenson, 1879
Holgazanería y perseverancia
“A lo largo de toda mi adolescencia y juventud se me conoció y señaló como modelo de holgazanes, aunque yo siempre estaba ocupado en la consecución de mi objetivo particular, que era aprender a escribir. Durante mis paseos, tenía la mente ocupada expresando en palabras apropiadas lo que veía; cuando me sentaba al borde de la calle, o bien leía o bien, con un lápiz y un cuaderno de un penique en la mano, anotaba los rasgos de la escena o componía algunas estrofas vacilantes. Y así, vivía con las palabras.
Lo que escribía no tenía utilidad posterior alguna; lo escribía con el deliberado propósito de practicar. No era tanto que yo quisiera ser escritor (aunque también deseara eso) cuanto que había hecho el voto solemne de que aprendería a escribir. Me tentaba aquella habilidad; y practicaba para adquirirla, del mismo modo que los hombres aprenden a tallar la madera, en un envite consigo mismo. La descripción era el campo principal de mis ejercicios, pues para cualquier persona sensible hay algo digno de ser descrito, y el campo y la ciudad son un tema inagotable, aunque también trabajaba en otras direcciones. A menudo acompañaba mis paseos con diálogos dramáticos en los cuales representaba muchos papeles y, con frecuencia, me ejercitaba escribiendo conversaciones de memoria.
Siempre que leía un libro o un pasaje que me gustaba particularmente, en los que se decía algo o el autor se servía de un efecto con propiedad, cuyo estilo poseía un brioso vigor, una distinguida elegancia, me apresuraba a sentarme y me obligaba a imitar aquella virtud. No lo lograba, y lo sabía; y de nuevo lo intentaba y tampoco lo conseguía, nunca lo conseguía; pero, al menos, gracias a aquellas inútiles tentativas, adquirí cierta práctica con la cadencia, la armonía, la construcción y la coordinación de las partes.
De este modo he imitado asiduamente a Hazlitt, Lamb, Wordsworth, sir Thomas Brown, Defoe, Hawthorne, Montaigne, Baudelaire y Oberman.
(...) Tal es, se quiera o no, la forma de aprender a escribir; haya sabido o no este escritor sacar provecho de él, ése es el modo. Así aprendió Keats, y jamás ha existido un temperamento más sutil que Keats para la literatura...
Lo importante de esas imitaciones es que, fuera del alcance del aprendiz, sigue resplandeciendo su modelo inimitable.”
“Recuerdo una época en que yo era muy holgazán, y vivía y sacaba provecho de este humor. Ignoro cuándo dejé de serlo y, aunque creo que no está en mi mano, volvería a serlo; es un cambio que se produce con la edad. Hice deliberadamente un millar de pequeños esfuerzos, pero la resolución de que nacieron se me impuso mientras dormía y en el curso de mi desarrollo. Llevé a cabo un millar de escaramuzas para continuar trabajando ciertas mañanas y, a veces, el asunto era peliagudo; pero, en lo que atañe a aquel gran cambio de campaña que decidió toda esta parte de mi vida, y que de una persona cuyo único afán era no hacer nada me convirtió en otra cuya tarea consistía en trabajar y perseverar, me parece como si todo eso lo hubiera hecho otro hombre. La vida de Goethe tuvo mucha importancia para mí; también la de Balzac; y algunas nobles observaciones de este último en un librito deleznable, la Cousine Bette. Me atrevo a afirmar que podría determinar otros factores que influyeron en el cambio. Pero lo único que quiero decir es que nunca pensé que estuviera librando una batalla, que no registré una promesa solemne y que, al parecer, yo nada tuve que ver personalmente con el asunto. Viré como un navío bien gobernado. Al timón se hallaba un piloto desconocido, al que llamamos Dios.”
De: Graham Balfour, Vida de Robert Louis Stevenson. A estos recuerdos habría que añadir su ensayo ingenuo y lúcido Carta a un joven que se propone abrazar la carrera del arte.
El protagonista
Robert Louis Stevenson menciona El egoísta entre los libros que más poderosamente le influyeron, y afirma haberlo leído siete o ocho veces. “Meredith me leyó algunos capítulos”, dice, “antes de que se publicara, y al cabo no pude resistirlo más. Le interrumpí y le dije: ‘Vamos, Meredith, reconózcalo... ¡usted ha sacado a Sir Willoughby Patterne de mí!’ Meredith se rió y dijo: ‘No, no mi querido amigo. Lo he cogido de todos nosotros, pero principalmente de mí mismo.’ ” Good pattern.
Por: Alan | Literatura | Comentarios (0) | Referencias (0)