
Miércoles, 23 de noviembre de 2005
CHARLES Y MARY LAMB
Traducción de Alan

Cuando Paulina descorrió la cortina que ocultaba esa famosa estatua, de modo tan perfecto se asemejaba a Hermione, que todo el dolor del rey se renovó ante su vista. Largo rato quedó sin poder hablar ni moverse.
-Me agrada vuestro silencio, mi señor -dijo Paulina-, tanto más expresa que estáis admirado. ¿No se parece mucho esta estatua a vuestra reina?
Al cabo, el rey dijo:
-Ah, de esa manera se erguía, incluso con igual majestad, cuando la cortejé por primera vez. Y sin embargo, Paulina, Hermione no era de tantos años como la estatua muestra.
Paulina respondió:
-Mayor es la excelencia de quien la ha esculpido, que ha hecho la estatua como Hermione parecería de estar ahora viva. Pero dejadme correr la cortina, señor, no sea que dentro de poco creáis que se mueve.

El rey dijo entonces:
-No eches la cortina, ¡ojalá estuviera muerto! Observa, Camilo, ¿no te parece que respira? Sus ojos parecen moverse.
-Debo correr la cortina, mi señor -dijo Paulina-. Estáis tan alterado, que acabaréis persuadiéndoos de que la estatua vive.
-Oh, amable Paulina -dijo Leontes-, ¡que pueda pensar así veinte años enteros! Y aún me parece que el aire sale de ella. ¿Qué delicado cincel podría tallar la respiración? Nadie se burle de mí, porque voy a besarla.
-Mi buen señor, ¡no lo hagáis! -dijo Paulina- El rojo del labio está húmedo, os mancharéis los vuestros de óleo. ¿No es mejor que corra la cortina?
-No, no en otros veinte años -dijo Leontes.
Perdita, que todo el tiempo había permanecido de rodillas, contemplando en silenciosa admiración la estatua sin defecto de su madre, dijo entonces:
-Y el mismo tiempo podría estar yo aquí, mirando a mi querida madre.

-O contened vuestra alteración -dijo Paulina a Leontes-, y dejadme echar la cortina, o preparaos para mayores sorpresas. Puedo hacer que la estatua se mueva de verdad, sí, y que baje de su pedestal y os tome de la mano. Pero entonces creeréis, erradamente, que me ayuda algún poder maligno.
-Cualquier cosa que puedas conseguir de ella -dijo el sorprendido rey-, me alegrará escucharla, porque tan fácil es hacer que se mueva como que hable.
Paulina entonces ordenó que una música lenta y solemne, que había preparado para la ocasión, comenzara a sonar. Y ante la admiración de todos los que allí estaban, la estatua bajó de su pedestal y echó los brazos en torno al cuello de Leontes. La estatua entonces empezó a hablar, rogando bendiciones para su marido, y para su hija, la nuevamente hallada Perdita.
No había ninguna maravilla en que la estatua se abrazase del cuello de Leontes, ni en que bendijera a su marido y su hija. Ninguna maravilla; porque la estatua era realmente Hermione en persona, la verdadera, la reina viva.

(Ilustraciones de Arthur Rackham)
Por: Alan | Notebook | Comentarios (2) | Referencias (0)
joer, macho... de verdad lo has traducido tu?
A ver cuando me das cita, dia y hora frente a una birra (o vaso de vino en su defecto). Tengo alguna pregunta que hacerte...
Dolores | 03-02-2006 09:41:37
Alan | 03-02-2006 15:30:46