
Viernes, 18 de noviembre de 2005
ETIMOLOGÍAS. LOS SACUDIDORES. LA ACADEMIA DE LAGADO

Ilustración de Arthur Rackham
Etimologías
La palabra que traduzco como Isla Voladora o Flotante es en su idioma Laputa, de la cual nunca pude aprender la verdadera etimología. Lap, en el idioma antiguo y desusado, significa alto, y untuh, gobernador, de donde dicen que por corrupción se deriva Laputa a través de Lapuntuh. Pero yo no acepto esta derivación, que me parece un poco forzada. Me atreví a sugerir a los más eruditos de entre ellos una conjetura mía y que es que Laputa es casi lap outed, siendo lap propiamente el bailoteo de los rayos del sol en el mar y outed ala; cosa que sin embargo no quiero imponer sino que la someto al juicioso lector.

Ilustración de Edwin John Prittie
Los sacudidores
Advertí acá y allá muchos en traje de criado que llevaban en la mano un palo corto con una vejiga hinchada, atada a la punta como un mayal. En cada vejiga había una pequeña cantidad de guisantes secos o chinitas, según se me informó después. Con estas vejigas sacudían de vez en cuando en la boca y las orejas a quienes estaban junto a ellos, práctica de la que no pude entonces imaginar el sentido. Parece ser que la mente de esta gente se sume en tan intensas especulaciones, que no pueden ni hablar ni prestar atención a lo que otros hablan a menos que se los despabile con algún toque externo sobre los órganos del habla y del oído; por tal razón quienes pueden permitirse tal lujo tienen un sacudidor (en su lengua, climenole) en la familia, como otro miembro más de la servidumbre, y nunca salen de casa o van de visita sin él. Y la tarea de este asistente es, cuando dos o mas personas están reunidas, sacudir con la vejiga la boca del que va a hablar y la oreja derecha de aquel o aquellos a quienes se dirige el que habla. Este sacudidor tiene también la misión de acompañar celosamente a su amo en sus paseos y, cuando la ocasión se presenta, sacudirle suavemente en los ojos, pues va siempre tan absorto en sus meditaciones que se pone en evidente peligro de caer por cada precipicio y pegar con la cabeza en cada poste y, en las calles, chocar con otros u otros con él y mandarlo al arroyo.

Ilustración de Arthur Rackham
La Academia de Lagado
El primer hombre que vi era de aspecto raquítico, las manos y la cara como el hollín de negras, luenga la barba y el pelo, andrajoso y chamuscado por varios sitios. La ropa, la blusa y la piel las tenía todas del mismo color. Llevaba ocho años en un proyecto para extraer rayos de sol de los pepinos, rayos que, una vez envasados en frascos herméticamente cerrados, podrían soltarse para que caldearan el ambiente en veranos recios y destemplados. Me dijo que no dudaba que en el plazo de ocho años podría abastecer de luz solar los jardines del Gobernador a un precio razonable, pero se quejaba de andar escaso de caudales y me suplicó que le diera algo a manera de estímulo al ingenio, especialmente porque aquel año los pepinos estaban muy caros. Pude hacerle una pequeña dádiva, pues mi anfitrión me había facilitado dinero para tal fin, conociendo la costumbre de esta gente de pedir a todo el que va a verlos.
Entré en otro cuarto, pero me eché atrás enseguida por un hedor que casi me tumba. Mi acompañante me empujó adelante suplicándome en un susurro que no diera motivo de ofensa, que se tomaría muy a mal, así que no me atreví ni a taparme la nariz. El proyectista de esta celda era el investigador más antiguo de la Academia. La cara y la barba las tenía de un amarillo pálido, las manos y la ropa completamente embadurnadas de porquería. Cuando nos presentaron me dio un abrazo muy fuerte (cortesía que bien le hubiera excusado). Su ocupación desde que llegó a la Academia era un procedimiento para convertir el excremento humano en el alimento que originalmente es, separando los diversos componentes, retirando el tinte que le da la bilis, haciendo que el olor se evaporara y purificándolo de la saliva. Recibía de la Sociedad la donación semanal de un recipiente lleno de heces humanas del tamaño de un tonel de Bristol.

Ilustración de Milo Winter
(Jonathan Swift, Viajes de Gulliver, tercera parte: Viaje a Laputa, Balnibarbi, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón)
Por: Alan | Pueblos | Comentarios (0) | Referencias (0)