
Miércoles, 16 de noviembre de 2005
OPINIONES. PALABRAS DEL DICCIONARIO. RODADA. PRIMER ENCUENTRO
Del Dr. Samuel Johnson era proverbial su corpulencia física, su vestimenta desastrada y su carácter excéntrico. Su admirador, amigo y biógrafo James Boswell, en el afán por registrar hasta la última de las acciones y palabras del gran hombre, a menudo deja un irónico testimonio de la flaqueza humana.
Opiniones
Durante su viaje a las Hébridas, Johnson y Boswell encontraron a orillas del lago Ness la primera choza escocesa. Johnson la describe en el libro Viaje a las islas occidentales de Escocia. Pero es el infatigable Boswell quien narra, en su Diario de una viaje por las Hébridas, lo que les sucedió dentro.
"Habíamos avanzado un buen trecho, bordeando el lago Ness, cuando avisté una pequeña choza, con una mujer que parecía una anciana a la puerta. Se me ocurrió: he aquí una escena que divertirá al Dr. Johnson, y lo mencioné. 'Vamos dentro', dijo. Desmontamos, y con nuestros guías entramos en ella. Era una choza miserable, toda de tierra me parece, y tenía por ventana sólo un pequeño agujero tapado con un montón de hierba, que ocasionalmente destapaban para dejar que entrase la luz. En mitad de la habitación o espacio ardía una lumbre de turba, cuyo humo se escapaba por un agujero en el techo. La mujer había puesto a hervir un pote con carne de cabra. En un extremo de la habitación, separado por una especie de partición hecha de zarzos, había a modo de un aprisco o redil en el que se veía a buen número de chiquillos.
El Dr. Johnson tuvo curiosidad por saber dónde dormía ella. Pregunté a uno de los guías, que la interrogó en dialecto. Respondió con tono alterado, nos dijo el guía, si acaso pretendíamos irnos a la cama con ella. Esta coquetería, o como pueda llamársela, por parte de una criatura tan espantosa resultaba verdaderamente ridícula. El Dr. Johnson y yo nos reímos después al recordarlo. Le dije que había sido él quien alarmó la virtud de la pobre mujer. 'No, señor -dijo-. Ella dirá: estuvo aquí un joven malicioso, un lobo feroz, que seguramente me habría violado de no hallarse junto a él un anciano y grave caballero, el cual lo contuvo; pero tan pronto escape a la vista de su tutor, os garantizo que no perdonará mujer que encuentre, sea joven o vieja.' 'No, señor -contesté-. Ella dirá: estuvo aquí un terrible rufián, que me hubiera forzado a no ser por un amable y decente joven, el cual, así lo creo, era un ángel que el cielo envió para protegerme.' "
Palabras del diccionario
Acababa Johnson de publicar su célebre Diccionario de la lengua inglesa cuando fue a visitar a unas amigas, la señora Digby y la señora Brooke, hermanas que vivían en Londres. Ambas le felicitaron, y sobre todo elogiaban que hubiera omitido de su obra los voces escabrosas. "¡Cómo! ¡Queridas mías! Entonces, ¿han estado buscándolas?".
Rodada
El Dr. Johnson, invitado en una casa de campo, había salido a pasear con unos amigos hasta lo alto de una escarpada colina. Cuando le vieron llegar a la cima, uno de ellos dijo: "¡Pobre Dr Johnson!". Apenas llegó, se puso cara a la pendiente y dijo que estaba decidido a 'dar una rodada'. Cuando los otros comprendieron su intención, trataron de disuadirle; pero él, dijo, estaba resuelto: 'no había dado una rodada hacía mucho'. Sacó de los bolsillos todo cuanto tenía -llaves, lápiz, monedero, navaja-, se tendió al borde del declive, y bajó literalmente rodando, vuelta tras vuelta, hasta el fondo.

James Boswell, en la mano derecha su Diario y con la izquierda sostiene unos Materiales para la Vida de Jonshon
Primer encuentro
En el Diario de Londres, Boswell anota su primer encuentro con Johnson.
"Lunes, 16 de mayo (1763). Temple y su hermano desayunaron conmigo. Fui a casa de Love, para recuperar parte del dinero que me debe. Sin embargo, por desgracia, todo lo que pude obtener fue una única guinea. Se disponía a almorzar en ese momento, y me quedé a comer un poco, aunque luego me irrritara conmigo mismo. Tomé el té en la tienda de Davies, en Russell Street, y hacia las siete vino el gran Samuel Johnson, a quien llevo tanto tiempo queriendo ver. El señor Davies me lo presentó. Como conozco su mortal antipatía hacia los escoceses, le grité a Davies:
-No le diga de dónde soy.
Sin embargo, dijo:
-De Escocia.
-Señor Johnson -añadí yo-, ciertamente vengo de Escocia, pero no puedo evitarlo.
-Señor -repuso él- eso, me parece, es algo que muchísimos de sus compatriotas no pueden evitar.
El señor Johnson es un hombre de aspecto terrorífico, muy corpulento, aquejado de ojos irritados, perlesía, y lamparón. Es muy desaliñado en el vestir, y habla con una voz extrañísima. Sin embargo, su gran saber y el vigor de su expresión le han granjeado un enorme respeto y hacen de él un excelente contertulio. Tiene un gran sentido del humor y es hombre de valía. Pero su dogmátca rudeza de modales resulta desagradable. Señalaré lo que recuerdo de la conversación..."

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